Cuando la vivienda se volvió negocio: historia de la especulación inmobiliaria
- Arq. MUTRO

- 2 sept 2025
- 4 min de lectura

¿Qué es la especulación inmobiliaria? ¿Y por qué debería enojarte un poco?
Es una práctica económica en la que se compra, vende o retiene suelo, viviendas o edificios no con el fin de habitarlos o usarlos, sino para obtener una ganancia futura por el aumento de su valor.
No se trata de satisfacer necesidades de vivienda, sino de apostar a que el precio subirá gracias a factores externos (crecimiento urbano, obras públicas, gentrificación, cambios legales, turismo, etc.). Claro que todos sabemos que en realidad son siempre tres factores: obras públicas, cambios legales y gentrificación. En estos tres, el gobierno es protagonista, utilizando recursos públicos para generar plusvalía.
Elementos destacados de la especulación inmobiliaria:
Compra anticipada de propiedades: podría considerarse como insider trading o uso de información privilegiada. Por ejemplo, el conocimiento previo de inversión gubernamental en ciertas zonas de la ciudad: mejoramiento urbano, nuevas líneas de transporte o desarrollos económicos, mucho antes de que se anuncien.¿Alguien cree que no hay complicidad con las autoridades? Difícil de imaginar.
Línea de tiempo (lo más simplificada posible):
Años 80: surge la idea de que “la vivienda no es para habitarse, sino para capitalizarse”. El suelo urbano se convierte en mercancía de lujo.
Años 90: los créditos hipotecarios se disparan y se construyen casas en las periferias (muchas hoy abandonadas). Fue un gran negocio para bancos y desarrolladores, pero un desastre para ciudades y servicios.
2010: llega el Airbnb dream, vendido como “economía colaborativa” pero convertido muy pronto en especulación masiva y gentrificación.
2020 - hoy: gentrificación acelerada, rentas imposibles y la posibilidad de comprar vivienda convertida en utopía.
Vivienda: ¿inversión o derecho?
La lógica dominante de las últimas décadas es ver la vivienda como un activo financiero, algo que se compra no para vivir, sino para revender o rentar a mayor precio.En esta visión, el derecho a la vivienda se subordina al rendimiento económico: el techo se convierte en patrimonio, no en hogar. Airbnb y la gentrificación son expresiones claras de este enfoque: la vivienda transformada en producto de especulación.
Pero la vivienda está reconocida en el artículo 25 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en la Constitución mexicana (artículo 4º) como un derecho.Eso significa que toda persona debe tener acceso a un lugar digno, seguro y asequible para vivir. Implica que el Estado debe garantizar políticas públicas de acceso, regular el mercado y, en esencia, evitar abusos.
Aquí el valor no es el metro cuadrado, sino la vida comunitaria, la estabilidad y la seguridad habitacional.
El dilema no es técnico, es político: ¿queremos ciudades para vivir o ciudades para apostar?
Impactos en la ciudad:
Económicos: la vivienda se infla como burbuja, creando “ganancias” falsas hasta que explota (¿recuerdan la crisis del 2008?).
Sociales: desplazamiento de habitantes, pérdida de comunidad, barrios sin identidad porque todo es temporal.

¿Corrupción o simple casualidad?
La especulación no solo toca edificios, también se cuelga de la inversión pública.¿Les suena esto del insider trading? Con compras anticipadas, las ganancias son mucho mayores, pero eso no sería posible sin complicidad de quienes deciden dónde y cómo se hacen las inversiones urbanas.
El gobierno mejora los espacios públicos (parques, calles, transporte) y los especuladores inflan precios, convirtiendo el gasto público en ganancias privadas.
La especulación rara vez ocurre sola: necesita de gobiernos “flexibles”, permisos exprés, cambios de uso de suelo a modo (¿les suena la “carta de buenos deseos” de Clara Brugada?). En corto: corrupción inmobiliaria disfrazada de progreso.
Casos de especulación inmobiliaria en México:
CDMX: el famoso cártel inmobiliario en Benito Juárez (BJ para los azules), una red de funcionarios y constructoras que operaban permisos ilegales a cambio de moches. Consecuencia: edificios colapsados en los sismos del 19 de septiembre de 2017.
Airbnb y CDMX: alianza para posicionar a la ciudad como “destino digital”, mientras suben rentas y se expulsan familias. Después nos hicieron el favor de aprobar una ley que les permite rentar “solo” medio año. Gran avance contra la gentrificación, ¿no?
Edomex, Bosque Diamante (Jilotzingo): megaproyecto para deforestar 200 mil hectáreas de encino y levantar 20 mil viviendas. Fue autorizado por Eruviel Ávila justo antes de terminar su gestión.
Edomex, Cerro Mesa Ahumada: durante Arturo Montiel, autoridades estatales y ejidatarios se coludieron para ceder zonas ecológicas en Tequixquiac, Apaxco y Huehuetoca a empresas que buscaban urbanizar terrenos clave para recarga hídrica.
Sinaloa y Jalisco: casos de especulación vinculados a lavado de dinero y narco-gentrificación.
Veracruz (Javier Duarte): desvío de casi mil millones de pesos mediante empresas fantasma para compra de bienes inmuebles.
Campeche (Alejandro Moreno): adquisición de terrenos a precios ridículamente bajos para luego “donarlos” a su madre.
La especulación inmobiliaria corrupta es un fenómeno extendido en el país. Los métodos varían: ecocidios, sobornos, lavado de dinero o triangulación de bienes públicos.El común denominador: la alianza entre desarrolladores y autoridades.

Esta es la primera entrega sobre el tema.
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Habiendo gente q perdio sus casas en el temblor del 2017 y a esta gente dolor le importa el $$$$$$$$.