Autoconstrucción: ¿consecuencia de un sistema corrupto o roto?
- Arq. MUTRO

- 7 jul 2025
- 4 min de lectura
Comencemos hablando de qué nos lleva a tomar la decisión de construir por nuestra cuenta.
Desde mi perspectiva, hay tres responsables principales:
La dificultad para acceder a una vivienda.
Un desarrollo económico centralizado.
La corrupción, y aquí incluiría la especulación inmobiliaria.
Desarrollemos brevemente cada uno para tener una mejor idea del contexto.
Datos que lo sustentan
Según la CEPAL, hasta 2022, más de 100 millones de personas en América Latina vivían en condiciones de informalidad habitacional, es decir, en asentamientos irregulares, hacinamiento o precariedad.
De acuerdo con la CONAVI, en 2023 el déficit de vivienda en México superaba los 9 millones de unidades. Por su parte, ONU-Hábitat señala que en países como México, Perú o Colombia, más del 60% de las viviendas construidas en la última década fueron producto de la autoconstrucción.
Un crecimiento desigual
Los empleos se concentran en las principales ciudades o zonas metropolitanas. Como resultado, estas áreas se densifican sin planeación adecuada. Los servicios se ven rebasados, y el costo de la vivienda aumenta debido a la escasa oferta.
En ciudades como CDMX, las regulaciones y los problemas de abasto de agua dificultan aún más la generación de vivienda formal. Esto obliga a los trabajadores a vivir cada vez más lejos, con trayectos que pueden superar las cinco horas diarias en transporte público.
Burocracia y corrupción
Algunas organizaciones no gubernamentales sostienen que el proceso legal para adquirir una vivienda formal o un lote urbanizado puede tardar de 5 a 10 años, debido a trámites, validaciones y escrituración.
El BID (Banco Interamericano de Desarrollo) ha documentado múltiples casos de corrupción municipal en procesos de regularización y otorgamiento de permisos. Según la UNAM, en México el 70% de los desarrollos informales surgen porque la regulación urbanística no se adapta al crecimiento real de las ciudades.
Actores que lucran con la necesidad
Algunos actores y organizaciones aprovechan los vacíos legales. Entre ellos:
Liderazgos vecinales, que lotifican terrenos y venden “derechos” de posesión sin garantía legal.
Pseudocooperativas de vivienda, que prometen acceso a suelo o vivienda, pero solo extorsionan o especulan.
Caciques locales o grupos criminales, que controlan el territorio y deciden quién puede construir o vivir ahí. Como dicen algunos periodistas, crean un escudo social.
Consecuencias de la autoconstrucción
A continuación, abordamos los efectos en la calidad de vida, la seguridad y el entorno urbano. Comenzaremos por lo social y cerraremos con lo arquitectónico.
Afectaciones en la calidad de vida
Hacinamiento: casas pequeñas donde conviven muchas personas por falta de recursos para ampliar.
Falta de servicios básicos (agua potable, drenaje, electricidad): se generan condiciones de insalubridad que incrementan enfermedades gastrointestinales e interrumpen el desarrollo infantil.
Aislamiento urbano y social: viviendas alejadas de los centros de trabajo, sin banquetas, iluminación, transporte ni espacios públicos o áreas verdes.
Pobreza patrimonial: estas viviendas carecen de título de propiedad o valor comercial, lo que dificulta el acceso a créditos para mejoras. La autoconstrucción progresiva consume recursos sin generar plusvalía.
Impacto psicológico: incertidumbre constante por riesgo de desalojo o colapso, estrés crónico, falta de privacidad y confort. Esto último afecta las relaciones familiares y la salud mental.
Seguridad: riesgos más allá de los muros
Inseguridad comunitaria y violencia: falta de presencia policial, zonas sin iluminación pública, espacios residuales que se convierten en focos de delincuencia.
Control territorial informal: en estos asentamientos, grupos criminales se apropian del territorio y crean un estado paralelo.
Falta de accesos para unidades de emergencia: ambulancias, patrullas o bomberos no pueden ingresar fácilmente; se dificultan evacuaciones y rescates.
Invisibilidad institucional: no hay rondines policiales, no se atienden denuncias, no llegan programas sociales ni educativos.
¿Cómo transforma la ciudad?
Muchos creen que la autoconstrucción solo impacta en la vivienda individual.Pero no es así. Su efecto acumulado transforma barrios y ciudades enteras.
Crecimiento urbano desordenado: dificulta la movilidad, el acceso a servicios públicos y la conectividad.
Déficit en infraestructura y servicios: la ciudad crece físicamente, pero no funcionalmente, lo que incrementa la desigualdad territorial.
Problemas ambientales: muchos predios invadidos están en zonas de reserva ecológica o alto riesgo, como barrancas o áreas de inundación. Esto aumenta el riesgo de desastres, además de contribuir al deterioro ambiental.
Falta de equipamiento y espacio público: estos asentamientos carecen de escuelas, centros de salud, parques o mercados. Muchas veces terminan convertidos en ciudades dormitorio.
Fragmentación social y estigmatización: los barrios informales son etiquetados como “invasiones” o “focos rojos”. Al no haber inversión pública por su estatus legal, se profundiza la brecha con la ciudad formal.




Esta es solo la primera parte.
La próxima semana publicaré un artículo complementario. Por ahora, quiero invitarte a ver la autoconstrucción no solo como un problema de pobreza, sino como una consecuencia directa de un sistema que ha fallado durante décadas.
No me meteré en asuntos políticos, pero sí creo que debemos ser conscientes de cómo este fenómeno ha moldeado nuestras ciudades.Tener claridad sobre ello nos puede ayudar a analizar las políticas públicas de manera más neutral.
Quisiera decir “objetiva”, pero todos tenemos una ideología, formada por el entorno en el que crecimos.Solo tomemos estos puntos como partida para nuestro propio análisis.



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